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Perspectivas 6: progresar para que nuestro planeta progrese

Perspectivas 6: progresar para que nuestro planeta progrese

Se dice que con la rueda se avanza y con la pólvora se abre camino. Con el hormigón se construyen las casas en las que cada día se compran y desechan plásticos de un solo uso. Las cañerías son romanas y la imprenta la inventó Johannes Gutemberg, aunque China debió pedir la patente. Gracias a la navegación en ultramar tenemos Spotify. Por los egipcios y unos insectos rojos tenemos el maquillaje y, en cierto modo, las revistas de moda, la televisión, la comercialización de la vanidad y a Kim Kardashian. Antes de las dieta milagro la salud dependió del descubrimiento de la penicilina. Gracias a la arena tenemos ordenadores y por la Internet podemos conocer qué es una Catrina o la apropiación cultural y debatir sobre si está bien o mal sin dar crédito a los griegos y la democracia. Pero por encima de todo, esto ha sido posible gracias al papel en cualquiera de sus formatos: papiro, pergamino, blanco o reciclado, página escrita o en digital. En definitiva, el suelo en el que hemos construido, conquistado y progresado cuenta nuestra historia, pero también tiene la suya, al igual que el aire, el agua y las especies que lo habitan. Somos lo que somos gracias a la naturaleza y según el último Informe de perspectivas del Medio Ambiente Mundial de la ONU no podremos seguir avanzando sin los ecosistemas con las que compartimos recursos. Ahora nuestro mayor progreso será utilizar aquello que nos ha hecho alejarnos de la naturaleza para enmendar el deterioro que le hemos causado por el camino. Un deterioro global y con muchas caras.

El aire, a pesar de ser el recurso medioambiental más vigilado, no está viéndose beneficiado por nuestra ayuda, al menos no al ritmo que debería. En general, a la reducción de las emisiones de CO2 habría que sumar las de los contaminantes climáticos de corta vida como el carbono negro, el metano, el ozono troposférico y los hidrofluorocarbonos. A su vez, a las emisiones relacionadas con la sustracción industrial y el transporte hay que incluir las de la agricultura y silvicultura y las relacionadas con el crecimiento urbano acelerado. Sin embargo, nuestras herramientas de prevención también están resultando ineficientes. Según datos del informe, las contribuciones relacionadas con el Acuerdo de París constituyen únicamente un tercio del esfuerzo necesario para mantener el aumento de temperatura global inferior a los dos grados. Dicho de otro modo, es necesario reducir entre un 40% y un 70% las emisiones globales entre 2010 y 2050, y erradicarlas para 2070.

Hay que entender el deterioro de la biodiversidad como un deterioro contra el ser humano. La deforestación y la expansión de las tierras agrícolas se han ralentizado, pero la degradación del suelo y la desertificación han aumentado. Nuestra salud y sustento dependen directamente de la salud de los ecosistemas de los que aún dependemos. Aunque la mayor parte de nosotros no trabaje la tierra para ganarse la vida, sí conservamos un vínculo con esta. Las alteraciones en el clima y la calidad del agua y del suelo propician la aparición de nuevas enfermedades infecciosas que afectarán tanto a entornos naturales como humanos, plantas y animales domésticos. En este sentido, la disminución de los polinizadores y de la diversidad biológica también supone un problema de seguridad alimenticia dado que entornos naturales y agrícolas se ven afectados por igual. Desde el punto de vista geológico, la pérdida de riqueza biológica supone una menor mitigación de los desastres naturales. En esta tormenta perfecta medioambiental, el futuro de las personas más pobres, las mujeres y los niños no podría quedar garantizado ya que dependen de forma más directa de la riqueza de recursos naturales.

El agua es uno de los recursos más castigados y del que menos nos responsabilizamos. Siendo fundamentales para nuestra supervivencia, los océanos se han convertido en nuestro vertedero. Somos responsables de alterar su temperatura y composición debido al vertido de residuos y a la emisión de gases de efecto invernadero. Y no somos ajenos a sus efectos. El abandono de aparejos de pesca, además de suponer un gran impacto medioambiental, tiene efectos graves en la economía, dañando buques y poblaciones de peces. La contaminación provocada por los microplásticos, una clase de basura oceánica muy difícil de detectar, y la basura oceánica de mayor tamaño puede acabar alterando la composición de los ecosistemas al facilitar la entrada de contaminación y especies invasoras y acabar provocando importantes repercusiones en el turismo, la pesca y el futuro de las comunidades locales.

En tierra firme, el agua dulce no puede aguantar nuestro ritmo de vida. Este tipo de agua también se ve afectada por los desechos plásticos, pero también por otras fuentes de contaminación química y orgánica que han logrado que su calidad se haya deteriorado notablemente desde 1990, lo que a la larga puede significar una menor efectividad de los agentes antibióticos respecto a las infecciones. Además, desperdiciamos agua en los campos y las ciudades. Según datos de este informe, tanto el sector agrario como el industrial pueden realizar mejoras significativas en la utilización y aprovechamiento del agua. A su vez, el cambio climático ejerce una importante influencia en ecosistemas beneficiosos para el ser humano, como los humedales y su capacidad de amortiguar los efectos de sequías e inundaciones, en el deshielo de otros que implica un aumento de las emisiones de carbono, como el deshielo del permafrost, y la alteración de los recursos hídricos y estacionales.

Hemos sabido aprovechar los recursos del planeta para nuestro beneficio, pero ahora más que nunca es necesario brindar nuestros avances para su recuperación. Para avanzar, la salud de nuestros ecosistemas debe preocuparnos tanto como la nuestra.