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Adiós al impuesto al Sol. Bienvenida la adaptabilidad económica

Adiós al impuesto al Sol. Bienvenida la adaptabilidad económica

El origen de la humanidad está ligado a su capacidad de invención. Desde que empezamos a andar, numerosas civilizaciones han recorrido un largo camino hasta hoy, legando sus avances para que los podamos disfrutar. O ese era el plan hasta que los vídeos de animales graciosos invadieron nuestras vidas. Internet es el gran invento de los últimos años. Su potencial para conectar a las personas ha revitalizado la manera en la que compartimos nuestro conocimiento. Debido a Internet, las ideas no se mantienen inmutables por mucho tiempo. El éxito de los tutoriales se basa en la inmediatez y en la posibilidad de recibir información nueva que perfeccione la original. Cada vez que tenemos una duda, dedicamos un poco de nuestro tiempo a practicar esta habilidad sin darnos cuenta, lo que nos ha vuelto más creativos. Nos hemos acostumbrado a la posibilidad de adaptar y personalizar nuestras necesidades sin que haya límites. El conocimiento ya estaba ahí, pero ahora simplemente podemos estirar la mano y alcanzarlo a nuestro antojo. Parece que, a pesar de su denostada reputación hacia los desayunos con aguacates, la sociedad se está volviendo más caprichosa, más exigente, más flexible, más... millennial. Algo que España no pareció prever.

A mediados de la década de los 2010 algo empezó a preocuparle a Europa. Con el objetivo de revisar los subsidios a las energías fósiles y crear una política y mercado energéticos comunes, la Unión Europea comenzó en 2016 la reforma de numerosas directivas y normativas que culminarían por parte de la Comisión Europea en la publicación del Paquete de Energía Limpia para Todos y el proyecto de reforma del mercado eléctrico. Este sería un motivo de celebración lógico para aquellos países que gozasen los suficientes recursos solares y eólicos como para obtener beneficio de ellos, como los del sur de Europa, teniendo la ley de su lado. Respecto a la situación en España, la política energética se convirtió en un motivo de alegría, pero no para el país. Ni por los motivos esperados. De hecho, no fue por algo positivo. Como si se tratase de una realidad paralela, en 2015 el autoabastecimiento energético español tuvo que ceder terreno al establecerse impuestos, gravámenes y sanciones a las instalaciones que superasen los 10kW. Es lo que oficialmente se denominó como impuesto al Sol. La ilógica naturaleza de esta decisión traspasó las fronteras nacionales y la gestión medioambiental de España se convirtió en un chiste para el resto del mundo que el gobierno de Mariano Rajoy no terminó de entender. Mientras en el país tomaban forma un conjunto de medidas que iban en contra del bien común, dado que en textos anteriores respecto al autoconsumo quedó explícitamente dicho que este supondría un beneficio económico además del medioambiental y social, en Portugal se reían de su país vecino ya que, dada la facilidad con la que podían optar los lusos a abastecerse de su propia energía, la política energética española les parecía un chiste. Esta odisea comienza un nuevo capítulo en 2018, cuando el cambio de gobierno y el apoyo de la Unión Europea propician la derogación del impuesto al Sol y el reconocimiento del autoabastecimiento como un derecho, pero ¿qué significa exactamente esto?

Pese a los difíciles tiempos políticos que experimenta, con la eliminación del impuesto al Sol España ha dado un paso hacia la coordinación de esfuerzos medioambientales internacionales, trabajando más activamente para lograr los objetivos del acuerdo de París y el objetivo 2030 europeo (al menos un 32% de la energía europea debe provenir de fuentes renovables). Para los consumidores, esto se traduce en un abanico de posibilidades basadas en la adaptabilidad y una mayor independencia respecto a las grandes compañías. En vez de ofrecer una solución única e impersonal, en una especie de hazlo tú mismo, la instalación de placas de energía domésticas ayuda a ajustar el precio de la factura dado que la parte de la energía proveniente de fuentes domésticas consumida no sería contabilizada en la red eléctrica. A su vez, esta rebeldía medioambiental supone además, una ventaja colectiva debido al funcionamiento del pool eléctrico: si se populariza el autoconsumo y aumenta la participación de las energías renovables habrá menos espacio habrá para las fósiles. Y dado que las energías limpias entran en la subasta con coste cero, se puede aspirar a una reducción significativa del precio de la factura. Por su parte, el reconocimiento del autoconsumo también supone oportunidades de negocio. Es el caso de la compañía alemana Sonnen, que decidió afrontar con un enfoque fresco las desigualdades en la red eléctrica local, estableciendo una red cooperativa que fuera capaz de dar suministro a la zona y supliera las fallas. Esta idea de negocio, hija de un tipo de mentalidad más cercana a Internet, tiene potencial para ser adaptada a nivel local y además supone numerosos beneficios económicos y medioambientales como la reducción de las importaciones, una red eléctrica más sólida, la reducción de la deforestación o el impulso del uso de energías limpias. A nuevos tiempos, nuevas oportunidades.