fbpx
Bienvenidos a Costa Rica, la mayor fábrica de ideas ecologistas

Bienvenidos a Costa Rica, la mayor fábrica de ideas ecologistas

Si Costa Rica fuera Coca-Cola, todo el mundo la habría probado y sus competidores querrían replicar su fórmula. Si tuviera que rendir cuentas frente a sus accionistas, estos estarían extremadamente satisfechos con los resultados, ya que llevaría generando ganancias desde hace más de setenta años. Si Costa Rica fuera una empresa cualquiera, sería la primera cuyo producto consistiría en darnos una lección al resto del planeta.

Y lo más extraño es que no está haciendo nada fuera de lo común. Al igual que otros lugares del mundo también sufre los efectos del cambio climático. Sin embargo, quince de sus empresas cuentan actualmente con la garantía de contrarrestar la cantidad de CO2 que emiten y se ha logrado frenar la deforestación de sus bosques, alcanzando una recuperación cercana al 50%. El secreto de su éxito podría residir en la especial relación que para los costarricenses existe entre su día a día y la naturaleza que les rodea. Han logrado crear una conciencia generalizada sobre el cuidado del medioambiente, haciendo que este forme parte de la estructura de su sociedad a través de una mentalidad conservacionista y progresista.

Esta relación de unión entre ecosistema y civilización explica por qué este fenómeno se ha dado en Costa Rica en lugar de en cualquier otra parte del mundo. La implicación nacional en el patrimonio natural costarricense es notoria y da sentido a la naturaleza de sus políticas sociales y medioambientales. Esta denominación es síntoma de que para el país la fauna y la flora tienen un apellido político ya que se pretende, a través de su cuidado y conservación, ayudar a erradicar la pobreza y fomentar el desarrollo humano. Por otra parte, las políticas medioambientales del país destacan por su temprana creación. En términos modernos, su aparición data de finales de la década de los cuarenta, encomendando el trabajo de su institucionalización para las décadas posteriores. Además, son medidas en las que se busca la implicación activa de todos los estratos de la sociedad. Sin esta mentalidad no hubieran logrado convertirse en un referente en el desarrollo sostenible e inclusivo, lo que ha llevado al país a convertirse en una autoridad en sostenibilidad y que Costa Rica sea sinónimo de ecología.

Sin embargo, para lograr alcanzar esta posición han tenido que experimentar una evolución y poner a prueba numerosas medidas medioambientales y sociales. Una de las más llamativas es la apuesta por las energías limpias antes de que su uso fuera popular. En 1948 comenzó un proyecto precoz para aprovechar la fuerza del agua y cubrir las necesidades de una red eléctrica precaria. En la actualidad, esta iniciativa ha colocado al país como referente mundial en la utilización de energías renovables. También destaca su sistema de pago por servicios ambientales según el cual los agricultores locales reciben un incentivo por replantar sus tierras. Ambas medidas son el ejemplo del trabajo conjunto entre objetivos medioambientales y objetivos sociales que caracteriza al país. Y no son las únicas.

Su historia más reciente está salpicada de ellas, como por ejemplo la inversión en la década de los noventa en la tecnología informática más puntera o la creación de un sistema de parques nacionales en la década de los setenta. De carácter más reciente, y alineados con los objetivos internacionales para el desarrollo sostenible, encontramos la preocupación por el empleo de prácticas respetuosas con el medioambiente y la comunidad en la producción y el comercio, en el que las piñas son el estandarte para el cambio, la apuesta por la cultura como motor de cambio social y, por ende, medioambiental o el cuidado de la vida submarina, propuesta interesante al tratarse de una zona de gran relevancia turística. Costa Rica también persigue objetivos tan ambiciosos como poder declararse una zona de carbono neutral, al conseguir eliminar tanto CO2 de la atmósfera como el que produce, o convertirse en una zona libre de plástico, poniendo el foco en la eliminación de los plásticos de un solo uso.

Todas estas medidas son relevantes para entender el gran papel que representa en la lucha contra el cambio climático y su particular visión del problema, que ha sabido adaptarse a los nuevos paradigmas. Son la demostración de un sentido de la implicación por el medioambiente muy arraigado y, como si de una obra de orfebrería a gran escala se tratara, resultaría difícil replicar su fórmula y menos hacerlo de manera exacta. Suecia ha conseguido convertirse en un referente en la lucha del cambio climático, pero lo ha logrado varias décadas más tarde, y en Estados Unidos tenemos a Tesla con los coches eléctricos, pero proceden de la industria privada. Conseguir que un país interiorice su responsabilidad respecto al medioambiente dentro de sus prioridades no es tarea fácil y depende de numerosos factores. Por lo tanto, es comprensible pensar que no exista una lista de ingredientes con unas cantidades exactas guardadas con recelo para lograr el éxito, pero sí que hay muchas buenas oportunidades.