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Duelos dialécticos y huracanes: la batalla por la opinión pública

Duelos dialécticos y huracanes: la batalla por la opinión pública

Si invitaras a cenar a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, y a Donald Trump en tu casa, ¿dónde los colocarías? Para muchos, ella representa la renovación y la solidaridad de la capital española y sus medidas han recibido el reconocimiento de la Comisión Europea. Él, por su parte, es el estandarte del éxito norteamericano. Son la antítesis perfecta, pero tienen algo en común: sus políticas medioambientales han salido adelante gracias a su personalidad, para bien o para mal.

La imagen personal es un arma muy poderosa en política. Todos tenemos la impresión de conocer alguna anécdota de Barack Obama y, sin embargo, nunca hemos conversado con él. O hemos atendido impávidos ante fragmentos sus discursos en los telediarios. Que Trump recurra al histrionismo al asegurar que el cambio climático es un invento de China para él no es una exageración porque una parte de su audiencia confía en su fuerza o incluso comparte sus valores. Y lo sabe, lo que en materia medioambiental supone poner el cronómetro en marcha.

Donald Trump pertenece al grupo de políticos, junto con Nicolas Sarkozy o Vladimir Putin, denominados negacionistas debido a su firme creencia en que el incremento de la temperatura del planeta causado por el hombre no es real. Su negación o subestimación ha sido un tema recurrente en sus discursos y declaraciones, haciendo que datos inexactos o falsos acaben calando en la opinión pública. Supone un contraste frente a Justin Trudeau, presidente de Canadá que, gracias a su carisma y su gran capacidad oratoria, ha logrado devolver al país al mapa político verde tras una década de gobiernos conservadores. Puede recordar a Obama en su dominio de la empatía y la diplomacia, tan ágil que le permitió camuflar detrás del protocolo una crítica velada a las políticas de la administración Trump en el Despacho Oval, el corazón de la casa de un adversario ducho en el arte escénico. La fuerza de un discurso no se basa en grandes despliegues. El trabajo de Anote Tong, expresidente de Kiribati, fue extensamente reconocido por la Comunidad Internacional y sólo contó con su historia como recurso.

La lucha contra el cambio climático implica priorizar las necesidades del planeta. La defensa de los objetivos nacionales frente a los intereses globales fue una de las claves en el argumentario que llevó a Trump a la presidencia de Estados Unidos y es el principal motivo de su intención de abandonar el Acuerdo de París. Esto provocó que el discurso de Trudeau y Emmanuel Macron, presidente de Francia, se articulara en torno a el trabajo conjunto con los compromisos globales, incluidos los medioambientales.

Las medidas y sus consecuencias son otra herramienta que puede movilizar la opinión pública. Diversos estudios afirman que el muro de Trump acarrearía intromisiones para los ciclos naturales de la fauna y flora americanas. Por su parte, liderado por Theresa May, el Brexit pretende trazar una línea imaginaria entre Reino Unido y Europa que pondría en peligro la coordinación de acciones como la Política Pesquera Común (PCC) y políticas energéticas comunitarias. China ha apostado por la rectitud de la ley para atajar el problema del cambio climático, una estrategia que parece resultar efectiva para reducir las emisiones y que ha logrado cambiar la dirección de una industria de tamaño colosal. A miles de kilómetros, también sorprende la consideración de Costa Rica de su biodiversidad como patrimonio nacional.

Para finalizar, cabe destacar la importancia de la reputación como hilo conductor. El gobierno de Macron avanzaba sin fisuras hasta que Nicolas Hulot, su ministro de Transición Ecológica y Solidaria, dimitió porque Francia no avanzaba al ritmo que lo hacía el efecto invernadero. El exministro antepuso los intereses del país y del planeta al impacto que su imagen trasmitida tendría en la de su nación y la causa que defendía. La reputación es uno de los valores cuidados con más atención de cara a la opinión pública porque su alteración puede tener consecuencias serias. La India es el segundo país más contaminante del mundo según ACNUR, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. La siguiente noticia que conocimos del país fue su voluntad de liderazgo de los países en desarrollo en materia medioambiental y la puesta en marcha de medidas relacionadas con las emisiones de CO2 y los plásticos de un solo uso.

El debate sobre el medioambiente está en juego. Forma parte de la agenda política mundial, pero en muchos casos está subordinado a los cambios políticos. Estados Unidos, se enmarque dentro del Acuerdo de París o no, observa omnisciente el tablero y ejerce una gran influencia. Europa, China o Canadá se han proclamado alternativas para ocupar el hueco de su liderazgo. En cualquier parte del mundo, cualquiera puede realizar el siguiente movimiento.