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La conquista noruega del medioambiente

La conquista noruega del medioambiente

Imagina a Loki y a Loki, el dios nórdico conocido por siglos y su homólogo creado por Stan Lee, sentados en una sala de conferencias delante de una presentación en PowerPoint sobre el salmón noruego. Algo ocurre con la Tierra y los humanos y un calentamiento o algo así. Francamente, ninguno de los dos estaba prestando mucha atención al tema. Tras un rato, ambas deidades llegan a la misma conclusión: ¿Cómo es que los humanos han tardado tanto en dar con la solución a un problema tan obvio? El petróleo origina emisiones de carbono, el carbono sirve para alimentar a las plantas y los peces se alimentan de un tipo concreto de plantas, las algas. Además, ambos son los mayores mercados de exportaciones del país. Sólo han necesitado diez minutos para resolver algo nimio, ¡imagina lo que harían si de verdad les preocupara este asunto! La humanidad no puede aspirar a algo más allá de lo mundano, piensan con falsa desilusión. Y en cierto modo es verdad. No es la primera vez que se dice que los dioses en la actualidad son más bien asuntos terrenales por los que, por devoción o miedo, somos capaces de tomar bandos, de ganarse nuestra lealtad. En un mundo global y comunicado hemos dotado a nuestros asuntos de interés de una mitología y una historia que nos mueve a la acción. Y entre ellas, poco a poco, la lucha por el medioambiente está tomando posiciones. Con unos inicios marginales y llenos de dificultades, en la actualidad está recorriendo su propio camino para crear Historia. Y en esta travesía, Noruega se está convirtiendo en su Homero, con un plan revolucionario y épico, digno de ser protagonizado por dioses.

Si Noruega es considerada un referente en la defensa medioambiental del planeta es, entre otras razones, por la aplicabilidad de medidas pragmáticas en el corto plazo. Permitiendo que la vista vaya más allá de los salmones, el país anticipó las consecuencias del calentamiento global cuando apenas estaba empezando a ganar trascendencia, apostando por el coche eléctrico desde la década de los noventa. Sin embargo, lo que convierte en verdaderamente fascinante su filosofía es su capacidad para comprender que el cambio climático es un problema que va más allá de los retos momentáneos que experimente un país. Noruega es el mayor exportador de petróleo a nivel europeo y el quinceavo a nivel global, lo cual en un irónico giro de los acontecimientos, ha permitido al país cubrir la totalidad de su demanda eléctrica actual con energía hidroeléctrica y exportar el excedente a otros países al haber creado un sólido plan de descarbonización de la economía financiado por el mayor causante del cambio climático. Esta ambiciosa visión de futuro ha favorecido la posibilidad de que el país pueda adelantarse dos décadas al objetivo de neutralidad climática, que propone para 2050 la compensación internacional de las emisiones de carbono mediante su reducción o compra, acercándolos a los propuestos por el acuerdo de París. El ingenio desarrollado a lo largo de las décadas ha sido la clave para romper con la barrera del presente, escurridiza para la mayoría de países. Sin embargo, el buque insignia de su conquista medioambiental está capitaneado por los titulares.

A medida que el aumento de la temperatura global se ha ido convirtiendo en un problema sociomedioambiental, la prensa se ha ido haciendo eco de la situación al respecto aquí y allá. En esta vorágine de información y propósitos. Noruega ha proclamado la naturaleza de su política medioambiental con la firmeza y la anticipación como banderas. No en vano se ha convertido en el primer país en comprometerse oficialmente en acabar con la deforestación a nivel internacional, evitando y prohibiendo la importación de cualquier producto que requiera la tala para su obtención. Esto implica que desde 2016 el aceite de palma, la carne de vacuno, la soja o la madera, cuya obtención según datos de Climate Action del año 2016 supone un aumento del 40% de la tala de los bosques tropicales y el 44% de las emisiones de carbono durante la década pasada proveniente estos países, sólo podrán obtenerse mediante alternativas sostenibles. Es el movimiento definitivo en su compromiso con la selva tropical, iniciado en la Cumbre del Clima de la ONU de 2014 junto con Alemania y Reino Unido. Previamente el país donó mil millones de dólares para combatir la deforestación en la selva brasileña, una ayuda que en la actualidad está amenazando con retirar si Brasil dado el repunte de la tala del Amazonas.

Noruega también ha iniciado abiertamente una cruzada contra los combustibles fósiles. Entre sus objetivos se encuentra la prohibición en 2020 del gas natural destinado a la calefacción de viviendas y otros edificios y la prohibición en 2025 de los coches impulsados por gasolina y diesel, al mismo tiempo que promueve el uso del vehículo eléctrico. El gobierno del país con mayor porcentaje de coches eléctricos, con un 30% de cuota de mercado en 2016, anunció que a partir de 2019 esta medida se completará con la construcción de 56 kilómetros de ciclovía y la mejora del transporte público. Además, cuentan con un sistema de incentivos públicos desde la década de los noventa que promete la eliminación de impuestos y peajes y la recarga gratis en aparcamientos públicos para aquellas personas que dispongan de un vehículo eléctrico.

Con estas cartas, parece que en los próximos años cada vez haremos más nuestra la conquista noruega del medioambiente, un asunto cuya actualidad todos deberíamos empezar a seguir.