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¿Llenar estadios o convocar una manifestación estudiantil global?

¿Llenar estadios o convocar una manifestación estudiantil global?

En 2013, Ella Marija Lani Yelich-O'Connor, conocida artísticamente como Lorde, lanzó un mensaje al planeta desde una ciudad remota de Nueva Zelanda. En el hogar donde creció se dedicó a escribir sobre la ambición y la fealdad del mundo, como crítica y como aspiración. Cantó durante un tiempo y poco después, su canción Royals ganó el Grammy a canción del año. Era una adolescente en una industria agotada hablando de querer disfrutar, pero al mismo tiempo criticando la toxicidad de los jóvenes de su edad, la falta de sensibilidad de la sociedad ante los conflictos bélicos y de la sensación de ahogamiento que a veces provoca la familia. Sus letras dibujaron los temas que llevan atormentando al mundo desde sus comienzos con un talento crudo y agresivo. Se dedicó a escribir sin mayor disfraz que ser ella misma. Y esta vez escuchamos. El mundo ha cambiado y estamos más en contacto con el resto. Ahora las generaciones más jóvenes tienen la oportunidad de llamar la atención. Ahora más que nunca ser fan de alguien es compartir su verdad. Vivimos en una época en la que lograr convocar una huelga estudiantil a nivel mundial puede compararse con llenar estadios. Todo gracias a la fuerza de un discurso sincero, directo y que raspa. Un discurso en el que está permitido tratar temas incómodos si de verdad dicen algo. Un discurso en el que ser distinto no está visto como algo negativo. Gracias a la fuerza las ideas. Y si la cantante neozelandesa consiguió el reconocimiento de la industria de la música, Greta Thunberg aspira de forma admirable y extraordinaria a un Nobel de la Paz con tan solo 16 años, pero ¿cómo ha llegado a ello?

Si Greta Thunberg ha logrado romper el muro del anonimato no ha sido con palabras fáciles de oír. Y en las redes sociales, donde no hay límites, estas han sido como un jarro de agua fría para aquellos políticos para los que Internet no en su medio natural. Si Theresa May sondea a su público diciendo que las manifestaciones estudiantiles son una perdida de tiempo, Greta Thunberg le responde que los políticos llevan treinta años perdiéndolo cuando se trata de solucionar el problema del cambio climático y se vuelve noticia. Porque a veces la verdad es sinónimo de bravuconería. Tampoco se deja atrapar por los límites de la burocracia. Tras afirmar que ella y sus jóvenes compañeros activistas suelen ser ignorados por los políticos y declarar que el sentimiento es mutuo, nosotros tampoco queremos hablar con ellos, la derecha del Parlamento Europeo impidió que Greta interviniese en el pleno de la Eurocámara por no considerarla una autoridad institucional ni un cargo electo. Sin embargo, ella siguió avanzando y pocos días después su tenacidad convenció a miles de jóvenes a lo largo del mundo a movilizarse por una acción política más estricta contra el cambio climático. Sin embargo, su magnetismo no se sostiene sobre palabras vacías. En sus declaraciones directas, y hasta pueriles al ojo del enemigo, reside la lógica que la ha catapultado a convertirse en algo parecido a una estrella internacional del ecologismo.

Su discurso es el de los hechos científicos y la necesidad de tomar medidas inmediatas. En su charla TED, Greta cuenta cómo algunas personas le han instado a que aprovecha el tiempo para estudiar y solucionar la crisis climática, pero los adultos debemos ser los que no nos hemos dado cuenta de que ya se conocen las causas y las soluciones desde hace tiempo. Sus palabras reafirman sin artificios la poca influencia que tiene la opinión científica respecto a los intereses económicos. También vierte su frustración sobre la inacción con la que los países firmantes del Acuerdo de París están afrontando sus retos y señala que no estamos asumiendo nuestra responsabilidad con los países menos desarrollados en justicia climática. Ciertamente, según sus palabras, nos hemos acostumbrado a no mirar más allá de 2050. Cuestiones políticas como el Brexit o la política medioambiental de Trump y Bolsonaro entre otros establecen un baile de fechas en el que no parece entenderse la gravedad del problema. En España se pretende que para 2040 no haya en circulación ningún coche que utilice diésel cuando deberíamos sacarlos de la circulación cuanto antes. Su discurso es el de los niños y jóvenes que necesitan acción antes que esperanza porque nuestra casa se está quemando. Jóvenes con más sentido común que la mayoría de adultos.