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México: el observatorio mundial del desarrollo sostenible

México: el observatorio mundial del desarrollo sostenible

Ninguna persona en el mundo puede preguntar a Frida Kahlo sobre el sentimiento de su obra, pero todos podemos entender sus inquietudes. El paso del tiempo, junto con nuestra capacidad de admiración e imaginación, nos hace tener debilidad por aquello con lo que podemos sentirnos parte de algo más grande. Quizás por eso la obra de la artista ha encontrado una segunda edad de oro en la era de la Internet. Sea gastronomía, música, literatura o arte, con mayor o menor talento, simpatizamos con otras formas de entender la realidad. Por ello, el mundo está unido a la cultura de México. Sentimientos universales encuentran una vía rápida a través de las modas para comunicarse, decidiendo sobre qué partes de una cultura son mejores que otras y transformando sus ideas a nivel global. Por ello, resulta conveniente recordar otra faceta cultural en la época en la que empezamos a sentir una mayor empatía por la salud del planeta. Hablamos del patrimonio medioambiental y su protección, un recurso que también define la identidad de un país y una oportunidad global para observar si las decisiones que tomamos nos guiarán hacia un desarrollo sostenible o hacia otros modelos ecológicamente insostenibles.

México está en continuo cambio. Al igual que ocurre con otros países latinoamericanos, su proceso de industrialización es más reciente, por lo que el aumento de las urbes y ciudades está muy relacionado con la reciente preocupación mundial por el medioambiente. Al contrario que otros países en los que está asumido, incorporar la recuperación de los ecosistemas puede ser una oportunidad para el desarrollo social. Esto implicaría la posibilidad de incluir el aprovechamiento responsable del agua y el suelo en territorio urbano y agrícola y la inclusión de zonas verdes. Hay que recordar que el estado de los ecosistemas también afecta a las áreas de cultivo. El crecimiento urbano sostenible también podría suponer una disminución de las emisiones de carbono urbanas y del transporte. Por su parte, la deforestación, aunque ocurra lejos de las ciudades, está relacionada con el alto nivel de erosión del suelo del país, el cual en aproximadamente un 80% ha perdido calidad para albergar vida. Revertir la pérdida de biodiversidad derivada de este fenómeno también supone garantizar los beneficios que esta aporta, tanto a nivel nacional, ya que los ecosistemas originales siempre presentarán más beneficios sociales y económicos, como internacionalmente, ya que todos somos responsables de que en Latinoamérica sea donde más árboles se pierden globalmente.

En contraste con el bullicio humano, las reservas de la biosfera representan con certeza la capacidad de México en la colaboración de sus sociedades y sus ecosistemas. Siendo objeto de investigación, ofrecen protección para las especies endémicas y recrean modelos que pueden servir de ejemplo para el desarrollo sostenible. Son la demostración de que, de momento a pequeña escala, es posible crear un equilibrio entre las necesidades humanas y de la naturaleza. Además, su posición ajena a la acción del hombre les otorga un papel en la regulación del clima y la captación de dióxido de carbono y la garantía de la conservación de la riqueza original de los ecosistemas, en un momento en el que la ONU recuerda que las plantaciones destinadas a la reforestación pueden no ofrecer la misma riqueza de servicios que los bosques naturales. Sin embargo, el estatus de las reservas de la biosfera es capaz de ofrecer también beneficios al conjunto del país. Cumbres de Monterrey, en el estado homónimo, garantiza la pureza del agua que los habitantes de las zonas urbanas próximas necesitan. Además de su potencial pesquero, la reserva de Arrecife Alacranes alberga la estructura coralina más grande del Golfo de México, dotando de protección a una de las especies más afectadas por la acción del hombre en los océanos. La reserva de la Primavera, en el Estado de Jalisco, ofrece un corredor biológico que garantiza el futuro de la diversidad de las especies y su patrimonio. Por su parte, la reserva de la Sepultura, en el Estado de Chiapas, asegura el patrimonio histórico de la cultura olmeca, una de las culturas precolombinas.

Sin embargo, las especies endémicas son las verdaderas protagonistas del desarrollo sostenible. Únicas e irreemplazables, ofrecen multitud de servicios para los ecosistemas y el ser humano. Consideradas símbolos, ahora que el cambio climático y el ecologismo están ganando relevancia estas también se pueden convertir en iconos de la conservación medioambiental a nivel global. La mariposa monarca está rodeada de un imaginario rico y diverso. En la cultura de los otomíes y los mazahuas es considerada el alma de los fallecidos y, para los tarascos, representa el comienzo de la época de la cosecha. Teniendo en cuenta su repercusión en el turismo y la en la supervivencia de otras especies gracias a la polinización, su capacidad de inclusión es una metáfora de las necesidades mundiales actuales. Por su parte, el viaje de la ballena gris, considerada la mayor migración realizada por un mamífero, nos recuerda el esfuerzo que debemos hacer para interactuar con respeto con los océanos, contaminados en su mayoría por basura humana. En los bosques de México también encuentran su hogar más de mil especies de orquídeas y numerosas plantas carnívoras. De gran atractivo visual, ambas también cuentan una historia cautivadora: son supervivientes que han logrado adaptarse a los entornos más extremos. Sin embargo, están desprotegidas frente a la deforestación y a la recolecta ilegal. Por último, cabe mencionar al águila real. Inmortalizada en la bandera del país, su historia en la tierra es bien distinta. En peligro de extinción, su número se está recuperando lentamente gracias al programa de conservación creado en 2010.