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Vengas de donde vengas, Madrid te quiso

Vengas de donde vengas, Madrid te quiso

Hay muchas formas de querer y todas surgen de la fascinación. Observamos cómo crecen nuestras mascotas, nuestros hijos o nosotros mismos. Observamos, observamos, observamos. Somos testigos del paso del tiempo y de la evolución. Hacemos nuestros problemas y logros que no lo son y, cuando es necesario, decidimos qué es lo mejor para aquello que apreciamos. A veces queremos incluso ciudades. Tiene sentido, al fin y al cabo somos nosotros los que les damos vida. Gobernar en algunas ocasiones también es una forma de querer, de pensar en el resto, de intentar solucionar problemas ignorados durante décadas. Querer es luchar por cambiar tu ciudad y hacerla más limpia, más sana, más humana. Se dice que nunca puedes gustar a todo el mundo. Sin embargo, a pesar de todo, querer a veces da resultado.

Madrid no es el primer ejemplo de transformación urbana sostenible, pero sí es una primera toma de contacto realista y capaz para la ciudad y una demostración de una transición ecológica urbana efectiva para quien lo necesite. Esta filosofía de eficacia gentil se materializa en el buque insignia del plan A: el control de las emisiones de los vehículos rodados privados en los barrios más céntricos y concurridos en apenas 472 hectáreas, encabezando una particular cruzada contra los transportes movidos por gasolina o gasoil (aquellos equipados con las etiquetas C y D). Limitar su circulación es un efecto colateral. También es una demostración de que las grandes urbes necesitan volver a configurarse, después de haberlo hecho con el auge de los automóviles, para adaptarse al reto del cambio climático que demanda ciudades más sanas y descongestionadas, con una mayor presencia del transporte público y en bicicleta en las calles y de las zonas verdes, algo por lo que también ha apostado Madrid Central mediante la transformación de la infraestructura urbana. Estas medidas han repercutido en una disminución zonal del 38% para la metrópoli y, para el resto, la conquista de la muralla del efecto barrera al haberse producido una reducción de la polución en las áreas colindantes según datos de Ecologistas en Acción, una invasión que se temía con creces.

Además, Madrid Central continúa con la peatonalización progresiva de la capital española iniciada en calles como Arenal o Montera, el parque del Retiro o plazas como la de Callao. Incluso el Partido Popular (PP) propuso una remodelación del centro en 2014. En todos los proyectos, ha quedado constatado que la satisfacción de los vecinos y comerciantes ha sido altamente positiva. Es destacable el apoyo municipal respecto al proyecto de la Gran Vía, el cual se vio respaldado por el 72’6% de los vecinos, según una encuesta realizada por El Mundo en 2018.

Con Madrid Central ha surgido por primera vez el reto para los candidatos alcaldables de lograr un proyecto realmente más eficaz (o al menos igual de competente) y coherente con su ideario político; es decir, que prescinda de Madrid Central, una idea que el aspirante del Partido Popular José Luis Martínez-Almeida ha considerado un fracaso y que el pretendido de Vox, uno de sus posibles aliados, pretende llevar a cabo. Lamentablemente, esto no es tan fácil de conseguir. Independientemente de las propuestas futuras que se planteen, España continuaría teniendo que responder ante los objetivos medioambientales comunitarios y la repercusión que podrían tener dichos cambios en el acuerdo de París. La vuelta al modelo de zonas APR propuesta por el anterior gobierno del PP y, en particular, una regulación de las emisiones más laxa comprometería con total seguridad los avances conseguidos al resultar insuficiente. Lamentablemente para el partido ultra, es probable que las promesas electorales se queden, como mucho, en una revisión de la eficacia de Madrid Centro, como propone Ciudadanos. Sin embargo, habría que estudiar la viabilidad de un plan alternativo que no comprometa la Gran Vía ni otras grandes avenidas de la ciudad dentro del área de emisiones controladas, claves en el éxito del proyecto de Manuela Carmena. A su vez, hay que tener en cuenta que, sumado a la posibilidad de recibir una sanción económica por parte de la Comisión Europea al aumentar las emisiones, se debería añadir los gastos que supondría para la sanidad pública y la pérdida de beneficios para el turismo y los comercios locales. Ante esta situación se abren dos escenarios: o se logra llegar a una fórmula más eficaz realizando una revisión realista del trabajo ya realizado o, en concordancia con la tendencia europea, se amplía la zona de tráfico restringida cumpliendo con lo que deseaban evitar a toda costa.

El reto de los proyectos medioambientales futuros tiene como punto de partida superar un plan objetivamente eficaz. Incluso para los afectados por los cambios, los cuales siempre han ejercido un papel en esta epopeya, el tiempo da la razón a los beneficios de la peatonalización. Y la escasez de este también exige concreción en las medidas. ¿Es posible mantener una agilización de la flota de transporte público si no se agiliza el tráfico?, ¿Cuál es el futuro del carril bici o de los puntos de recarga para los coches eléctricos?, ¿Cuál es la postura de los candidatos respecto a las facilidades que la derogación del impuesto al sol supone para la energía solar doméstica? Hay algunas cuestiones que se han quedado en el tintero de la hemeroteca y que deberían sostenerse por sí solas, no en detrimento del trabajo de otros. Propuestas de la Plataforma de Afectados por Madrid Central basadas en establecer soluciones de accesibilidad o mejorar la oferta de transporte público y prolongar sus horarios demuestran que, para el bien de todos, el proyecto de Madrid Central puede mejorarse, pero este proceso no pasa por desandar lo andado. Y como ocurre en multitud de historias, las calles de Madrid se presentan una vez más como figurantes sin frases. Esta vez, ante la constatación de que la peatonalización urbana suele revertir en beneficios socioeconómicos y, por primera vez en la historia del urbanismo sostenible español, también medioambientales.