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Aras de los Olmos regresa a un futuro más comprometido

Aras de los Olmos regresa a un futuro más comprometido

El pueblo repasa su historia para autoabastecerse

Hartos de ser minusvalorados por los gigantes energéticos españoles, el pueblo valenciano ha iniciado un proyecto para convertirse en el primer municipio de la península ibérica energéticamente autosuficiente, una solución orgánica para la localidad y una pequeña demostración de las posibilidades que supondría un futuro más verde para España.

Dicha iniciativa pretende sacar el máximo partido a las fuentes de energía renovable disponibles, una alternativa realista ya que disponen de los medios necesarios. Actualmente el pueblo cuenta en su municipio con un parque eólico, lo que facilitaría la labor de construir un generador eólico. Además, está en sus planes utilizar una parcela del bosque despoblada para instalar una planta fotovoltaica y aprovechar los restos forestales, junto con los ganaderos, para producir energía a partir de biomasa. Así dispondrían de los recursos que proporciona el bosque con un impacto medioambiental reducido. Como colofón, este complejo se situaría cerca del cauce de un pequeño río, con el objetivo de aprovechar su potencial instalando dos presas a corta distancia para almacenamiento de energía. No es la primera vez que estudian a esta idea, puesto que hace más de cien años el pueblo ya se autoabastecía energéticamente gracias a un molino de agua. Este proyecto se instrumentalizaría a través de una empresa de energía creada por y para Aras de los Olmos, de la que todos los habitantes podrán ser partícipes a cambio de un pequeño precio.

La naturaleza ambiciosa de la propuesta puede hacer pensar que es irrealizable, pero nada más lejos de la realidad. Además de tener disponibles todos los recursos naturales necesarios, gran parte de las mejoras se empezarían a notar en el momento, para los habitantes y el entorno local. Para empezar, se solventaría la barrera orográfica que supone la localización del pueblo, la cual hace que el suministro de energía sea intermitente. Como resultado, se dejarían de emitir con carácter inmediato 1.200 toneladas de emisiones de CO2; a la atmósfera, una cuarta parte de las emisiones per cápita en 2015, según Ecoembes, española dedicada a la recogida y reciclaje de envases. Finalmente, supondría una ayuda para los ganaderos de la zona.

Podemos intentar dilucidar qué consecuencias tendría esta medida respecto al panorama actual medioambiental en España. En el ámbito político, sería un acercamiento al cumplimiento eficaz de al menos dos de los tres objetivos del triple 20, la reducción en un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero y la utilización de un 20% de energías renovables, y al Plan de Acción Nacional de Energías Renovables (PANER). Esto podría ayudar a la legitimación de este tipo de proyectos y la evidencia de soluciones prácticas para las zonas rurales. Así, otras localidades con unas necesidades similares quizás se animaran a adoptar un modelo autosuficiente. Si el pueblo valenciano consigue demostrar que la utilización de biocombustible es segura, podría servir como incentivo para comenzar a emplearlos de forma cotidiana en áreas como el transporte y para priorizar las subvenciones a la biomasa térmica y solar. Además, sería un motivo para estimular las inversiones en energía eólica, aprovechando que en 2016 se consolidó como la fuente de energía renovable más fuerte en España, siendo la tercera más utilizada detrás de la energía nuclear y los combustibles fósiles, según Red Eléctrica de España. Esto ayudaría a mejorar la cuota de energías renovables exigida por Europa, que en la actualidad se sitúa ligeramente por encima de la media.

Respecto al precio de la luz, sería la evidencia de que existen modelos alternativos que pueden producir energía a un precio más eficiente que los dependientes de los gigantes energéticos, resultando más competitivos en dos sentidos: al aprovechar los recursos naturales disponibles y al disminuir los impuestos derivados de la importación de combustibles fósiles.

Pero ¿y si imaginamos sus posibilidades futuras a gran escala? Aunque los escenarios son infinitos es posible que la idea se desarrollara hacia una redefinición de nuestros valores y fortalezas como sociedad en áreas cruciales. Como si de una bola de nieve se tratara, un nuevo planteamiento basado en la autosuficiencia de las zonas menos industrializadas podría repercutir en un mejor aprovechamiento de los recursos locales y en una descentralización de la economía estatal. Con el paso del tiempo, la brecha entre zonas ricas y zonas pobres podría disminuir y las posibilidades de desarrollo laboral podrían ser más amplias y menos localizadas, haciendo que la tasa del paro pudiera ser menor. Podríamos convertirnos en los mayores exportadores de materias primas de las que disponemos naturalmente y en abundancia, como la energía solar, al mismo tiempo que adaptaríamos nuestro sistema económico a uno más armónico nuestro, acercándose a la economía circular. Nuestra marca España podría verse beneficiada también, sustentándola en hechos sólidos y demostrables, y sería una oportunidad para que nuestra imagen respecto al cambio climático y al medioambiente adquiriera un tono más serio y responsable.

En materia medioambiental, podríamos reducir nuestras emisiones a valores similares a los existentes antes del uso masivo de combustibles fósiles, estando más cerca que nunca de los objetivos europeos del Acuerdo de París y convirtiéndolos en una realidad. Esto podría convertirnos en un país líder en cuanto a sostenibilidad y medioambiente. Además, si el uso de las energías renovables se convierte en parte de nuestra rutina, podríamos aspirar a crear las ciudades más limpias de la historia, en armonía con la naturaleza que las rodea.

Nos hemos topado con un universo infinito que, debido a su magnitud, no nos termina de resultar familiar. Un sistema socioeconómico sólido y respetuoso con el medioambiente debería afrontar las caras largas de una sociedad que todavía depende en exceso de los combustibles fósiles y en la que la posición del Gobierno y las grandes compañías energéticas si no es ambigua le falta recorrido. Además, es muy probable que no todas las iniciativas llegaran a adaptarse o que lo hicieran parcialmente. Como si de una película de ciencia ficción se tratara, solo podemos dedicarnos a observar con admiración qué será lo siguiente que ocurra en este pequeño microsistema ecológico.