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Con qué otras energías forman equipo la solar y la eólica

Con qué otras energías forman equipo la solar y la eólica

Todo el mundo conoce la energía solar y eólica. Son una especie de Superman y Spiderman de las energías renovables: cada vez son más populares y respetadas dentro de sus mundos. Sin embargo, muchas otras fuentes de energía menos populares, o directamente desconocidas, también ayudan a producir energía sin contaminar y tienen el potencial para crear una red energética más sostenible. Y cuentan con una identidad e historia totalmente distintas entre sí.

Se suele decir que los bosques son el pulmón del planeta, pero lo que pasa más desapercibido es que también pueden ayudar a generar energía renovable. Los bosques altos de Colombia, México, Brasil y Panamá cuentan con grandes reservas de agua gracias a la niebla que se acumula en su interior durante más de la mitad del año. Esta extraordinaria situación los convierte en excelentes depósitos de agua que alimentan ríos y embalses, por lo que su preservación tiene un beneficio ecológico doble: suministrar energía y proteger el ecosistema. En esta línea, estudiar los procesos naturales de las plantas y otros organismos, como la fotosíntesis, puede ser clave para generar energía limpia. Es el caso de la hoja artificial creada por Daniel Nocera, científico del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en 2011, capaz de recrear la transformación de la luz solar en oxígeno e hidrógeno para ser almacenados en baterías con las que obtener electricidad. Algo parecido ocurre en Nueva Jersey, en el Instituto de Tecnología Stevens, donde han instalado un artefacto artificial compuesto por unas bacterias y grafeno, creados mediante una impresora 3D, que permitirían a una clase determinada de hongos crear energía eléctrica a través de la fotosíntesis oxigénica.

Se tiende a pensar en la energía obtenida mediante biomasa de forma superficial, considerándola una especie de cajón de sastre de las energías limpias. Sin embargo, se trata de un recurso con un potencial bastante considerable, a la sombra de otras fuentes con mejor aceptación popular. En primer lugar, cualquier población del mundo tiene la capacidad de generar su propia energía a través de sus desechos, lo cual dota a cualquier comunidad del mundo de un potencial para ser más autónomos y mejorar su calidad de vida. Además, cualquier tipo de desecho orgánico vale. Por otra parte, al ser cercana al reciclaje, es posible adaptar la obtención de energía a los desechos propios de un entorno determinado. Así, en ciudades donde el consumo de café es muy habitual, se pueden aprovechar los restos de esta bebida para crear un combustible más ecológico destinado al transporte urbano, como ocurre en Londres. Finalmente, no podemos subestimar la notoriedad que está ganando la bioenergía en la actualidad. Industrias como la de los pélets, que ofrecen una solución menos contaminante a través de un combustible hecho de residuos madereros, están ganando gran notoriedad y en capitales como Madrid se está perfeccionando el sistema de reciclaje para sacar partido a los residuos orgánicos.

Por su parte, un sector que en la actualidad está ganando notoriedad es el de la energía osmótica o energía azul. Esta nueva incorporación al plantel se basa en las diferencias de salinidad entre masas de agua dulce y salada, cuyo tratamiento es capaz de generar energía eléctrica utilizando los recursos de la naturaleza sin necesidad de contaminar. Lograr crear un sistema competitivo en el largo y medio plazo para esta fuente de energía limpia, de gran utilidad en ciudades costeras o en desembocaduras de ríos, ha sido una odisea para los científicos, pero este esfuerzo ha merecido la pena ya que la sal encierra el potencial de abarcar un 40% del consumo eléctrico mundial.

Controlar fuerzas sobrehumanas, como las que producen algunos fenómenos naturales, puede suponer un gran beneficio para la humanidad. En este sentido, existe un interés por investigar la obtención de energía a partir de rayos y huracanes. Ambos poseen un gran potencial energético, superando con creces la energía producida por el petróleo, pero son difíciles de controlar. Respecto a los primeros, se está estudiando desde aprovechar su energía en las nubes antes de que la descarguen hasta crear instalaciones especiales para capturarla. Sin embargo, aún se deben superar barreras importantes como la resistencia del equipamiento, el almacenamiento de la energía y el escaso número de rayos que se suceden incluso en zonas en los que son habituales. En cuanto a los huracanes, su potencial es conocido desde hace tiempo, pero su fuerza devastadora también supone un reto en cuanto a las instalaciones, que deberían situarse en el mar y contar con una gran resistencia.

Cada vez se descubren más fuentes energéticas ecológicas, que a través de sus recursos dan apoyo a las energías limpias más asentadas y proporcionan una alternativa más realista y universal. Conocer estas fuentes de energía es otra forma de entender que la respuesta para obtener un futuro sostenible está en la naturaleza.