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Instrucciones para entender el fenómeno del coche eléctrico

Instrucciones para entender el fenómeno del coche eléctrico

A lo largo de estos años estamos viendo cómo el sector de los automóviles eléctricos está viviendo una transformación camaleónica constante. La experimentación y una atención creciente por parte de la sociedad explican la aparición de propuestas muy diferentes entre sí, que representan el reto de redefinir conceptos muy interiorizados. Exitosas o no, nos pueden ayudar a conocer una cuestión cada vez más presente en nuestras vidas.

Una de las estrategias más clásicas ha sido la apuesta por diseños alejados del fácilmente identificable coche tradicional. Los primeros prototipos eran experimentales y algo rudimentarios y destacaban en las ferias automovilísticas más por su extravagancia frente al resto de modelos que por su practicidad en el día a día. Sin embargo, han legado al presente la filosofía de afrontar de una nueva manera la conducción, lo que ha llevado a Smart a la apuesta por nuevos materiales y al uso de energías limpias y a Toyota y Nissan al reaprovechamiento de la energía sobrante del auto. De hecho, quién sabe si de no ser por este cambio de concepto empresas ajenas al sector como Apple hubieran generado tanta expectación por el anuncio de un coche.

Que cualquier tiempo pasado nos parece mejor es algo que las empresas conocen a la perfección. Debido al desarrollo económico y social producido a lo largo del siglo XX, los coches se mimetizaron con el entorno urbano y adquirieron un estatus primordial para llegar de casa al trabajo y viceversa, lo que conllevó a su masificación. Con dicha revolución la sociedad también evolucionó por lo que algunos fabricantes de coches han optado por relanzar sus modelos más icónicos en una versión no contaminante, como Volkswagen con su mítico Golf, lo cual tiene bastante sentido. La transición hacia el coche eléctrico no sienta sus bases en una sociedad utópica y marciana, sino en una más concienciada y responsable con el medioambiente cuya mentalidad ha cambiado a lo largo de numerosas décadas de revoluciones y avances. Se trata de una sociedad que es testigo de la creación de los cimientos de una red de energía limpia en los núcleos urbanos y que no ve como algo malo adaptar su estilo de vida para hacerlo compatible con la lucha contra el cambio climático.

Por su parte, la realidad de los coches eléctricos también supone una revolución a la hora de cargarlos. En una época en la que cada vez estamos más acostumbrados a adaptar los productos a nuestras necesidades, como por ejemplo qué tarifa energética se adapta mejor a nuestro estilo de vida, y en la que las energías limpias se están abaratando frente a otros combustibles menos competitivos, las nuevas propuestas para cargar dichos automóviles también resultan revolucionarias. Mientras que unos pocos privilegiados pueden disfrutar de la primera carretera que sirve para recargar los coches eléctricos mientras transitan por ella y que ofrece otras ventajas como la agilización del tráfico, el resto se deleita con la posibilidad de poder cargar su vehículo desde su casa, lugar de trabajo o restaurante favorito. Aunque la opción más realista es acudir a uno de los puntos de recarga que están empezando a aparecer cada pocos cientos de kilómetros a lo largo de las carreteras principales, en países como España. Eso sí, de forma tímida.

Y ese es uno de los problemas a los que se enfrenta el coche eléctrico. La corta edad del sector tiene que competir contra un mapa de carga eficiente pero limitado, precios prohibitivos a pesar del repunte espectacular del sector (el cual ha llegado a triplicar sus ventas en 2017) y dudas respecto a la durabilidad de las baterías, que fabricantes como General Motors pretenden disipar. Por otro lado, se encuentra la esfera legislativa, con el Acuerdo de París espera omnipresente. Los esfuerzos de Donald Trump de retirar a Estados Unidos de dicho acuerdo y de impulsar la industria de los automóviles tradicionales, a pesar de no contar con el beneplácito unánime del sector industrial, contrastan con la negociación europea de los objetivos de reducción de las emisiones de carbono en un 35% antes de 2035. Por su parte, los coches eléctricos están siendo de gran relevancia últimamente en España ante la redacción de una nueva ley que prohíba los coches de gasolina y diésel antes de 2040. Dentro de esa horquilla de tiempo, el futuro de los automóviles híbridos es incierto, lo cual genera desconfianza a sus usuarios. Estamos viviendo un momento histórico que nos obligará a adaptarnos, en menor o mayor medida, a las exigencias medioambientales de una sociedad diferente. Nos dirigimos hacia un futuro preocupado por el cuidado de nuestro hogar.